Piotr Szczerek, un millonario con más billetes que malicia, quedó en ridículo mundial tras quitarle la gorra a un chamaquito fan en pleno torneo. El tenis siguió, pero las redes no lo perdonaron.
En el US Open no todo son raquetazos, también hay dramas de telenovela. El pasado 28 de agosto, el tenista polaco Kamil Majchrzak, después de ganarle a Karen Khachanov, hizo lo que muchos cracks hacen, tiró una gorra a la grada como regalito pa’ la fanaticada. El gesto era pa’ Brock, un chamaquito que estaba gozando y disfrutando del juego, hasta que apareció un tipo random salido de una película de villano corporativo.
Ese “random” no era tan random, resultó ser Piotr Szczerek, un CEO millonario de la compañía de pavimentación polaca Drogbruk, que decidió meterle mano a la gorra como si fuera el último pedazo de pan sobao en la panadería. El video explotó en redes, y al pana le cayeron chinches de todos lados, “ladrón”, “payaso”, “saco de basura”. Le cerraron las cuentas sociales y básicamente lo convirtieron en el punching bag digital de la semana.
El chamaco Brock se quedó mirando con cara de “¿qué carajos acaba de pasar?” mientras internet hacía lo suyo. La presión fue tanta que hasta el propio Majchrzak se enteró del revolú y buscó al nene pa’ resarcir la cagada ajena. Le regaló más tenis merch, se retrataron juntos y la foto se volvió la verdadera postal del US Open, el atleta salvando la historia y el chamaquito sonriendo como si nada hubiera pasado.
Pero la novela no terminó ahí. El CEO, después de días de silencio, tiró un comunicado en Facebook con un mea culpa flojito. Dijo que pensó que la gorra era pa’ sus hijos, que se emocionó, que actuó por instinto y que no quiso robarle nada al nene. “Fue un error grave. Espero haber reparado al menos parcialmente el daño”, escribió. También recordó que él y su esposa llevan años apoyando a niños y atletas, pero que un lapsus de cinco segundos tumbó todo ese historial.
Bro, la gente no se la compró del todo. Porque una cosa es apoyar desde la tarima y otra muy distinta es pelearte por el souvenir con un niño de ocho años. Y en pleno US Open, con cámaras, celulares y todo el planeta listo pa’ juzgarte en las redes.
Al final, Brock salió ganando con más regalos y la historia viral del torneo. Majchrzak quedó como héroe, y Szczerek, el CEO, como ejemplo de cómo el dinero no compra ni reflejos, ni vergüenza.










