En tiempos donde todo parece necesitar un prefijo “neo” para existir —neoperreo por aquí, neoalgo por allá—, aparece SINAKA con una propuesta que no busca disfrazar el pasado ni romperlo en mil pedazos para volver a armarlo. Al contrario: lo mira de frente, lo respeta y lo trae al presente con calle, con oído y con identidad. Así suena El nuevo sonido, el LP con el que el artista chileno conecta directamente la herencia del reguetón nacido en Puerto Rico con una nueva generación que hoy lo vive desde el sur del continente.
Aquí no hay reinvención forzada. Hay memoria, hay estudio, hay respeto. Y eso, en la música urbana actual, se agradece.
Detrás del nombre SINAKA está Matías Muñoz, un joven de 23 años oriundo de Quilpué, la “ciudad del sol”, en la Región de Valparaíso. Un chamaco criado entre la radio de sus abuelos y la fuerte cultura rapera de la Quinta Región. Su escuela no fue una academia: fueron las plazas, el grafiti, el skate y las batallas de rap que forjaron su carácter y su flow. Ahí, micrófono en mano y sin más ambición que soltar lo que llevaba dentro, comenzó a tomar forma su identidad artística.
Primero fue el rap. Luego, casi de manera natural, llegó el reguetón. No como moda, sino como vehículo. SINAKA entendió que en ese ritmo podía vacilar, frontear, romantiquear y, sobre todo, hacer que la gente se olvidara por tres minutos de la realidad. Pero no se quedó en imitar. Estudió. Analizó. Desarmó el género para entender qué pegaba, por qué pegaba y cómo se sentía en el cuerpo.
Ahí entran las influencias que se sienten vivas en El nuevo sonido: Daddy Yankee, Jowell y Randy, Héctor el Father. El ADN del reguetón clásico corre por todo el proyecto, pero nunca como copia. Es más bien una conversación entre generaciones.
Luego de un recorrido sólido que lo posicionó como una de las voces más interesantes del movimiento urbano chileno, SINAKA llega a este nuevo LP con una idea clara y sin complejos: no soy pasado ni futuro, soy música que hace bailar. Punto.
El nuevo sonido cuenta con 13 temas que funcionan como una carta de amor al reguetón de principios de los 2000 y 2010, esa era donde el bajo mandaba, el groove era sucio y el perreo no pedía permiso. Desde el intro, SINAKA deja clara su postura: respeto absoluto para el género que nació en Puerto Rico y que hoy le toca a Chile continuar y reinterpretar desde su propia calle.
Las colaboraciones suman sin robar protagonismo. Easykid, desde la misma tierra, y SAIKO, desde Canarias, aportan energía y matices a un disco que se siente cohesionado, maduro y bien pensado. En lo sonoro, hay guiños claros a la escuela de DJ Playero y Luny Tunes: bajos pesados, ritmos directos y una producción que sabe cuándo ensuciarse y cuándo pulirse.
Lo más interesante es que SINAKA logra algo que muchos intentan y pocos consiguen: sonar clásico sin sonar viejo, moderno sin perder alma. Hay crudeza, hay swing, hay sudor de pista, pero también hay una visión clara de hacia dónde llevar ese legado.
El viaje de SINAKA no es uno de ruptura, sino de reencuentro. Vuelve a los ritmos que lo formaron para resignificarlos desde su propia experiencia, desde la calle chilena, desde una generación que creció escuchando reguetón como parte de su educación sentimental.
Por eso El nuevo sonido no es solo un título bonito. Es una declaración. Un recordatorio de que el reguetón no necesita ser reinventado cada cinco minutos para seguir vivo. Solo necesita ser entendido, respetado y ejecutado con amor por sus raíces.
Desde Puerto Rico hasta Chile, el bajo sigue sonando. Y SINAKA lo tiene claro.










