Con la London Symphony Orchestra, trece idiomas y una estética casi celestial, LUX se presenta como una experiencia sonora monumental. Pero… ¿puede realmente llamarse ópera?
Rosalía volvió a prender fuego a la conversación musical global con LUX, su cuarto álbum de estudio lanzado el 7 de noviembre de 2025. El proyecto, grabado junto a la London Symphony Orchestra y bajo la dirección de Daníel Bjarnason, mezcla la teatralidad de la ópera con la experimentación pop que ya caracteriza a la artista catalana.
El disco —compuesto por piezas en más de una docena de idiomas, desde el latín hasta el árabe— ha sido descrito como “operático”, aunque no encaja del todo en los moldes del género clásico. Rosalía juega con la estructura, los coros y la instrumentación orquestal, pero lo hace desde una libertad creativa más cercana al arte conceptual que al teatro lírico.
En temas como Mio Cristo Piange Diamanti, la artista se lanza sin miedo al terreno de las arias, cantando con una intensidad casi religiosa. Sin embargo, LUX no presenta libreto ni personajes ni actos dramáticos, elementos esenciales de la ópera tradicional.
Los críticos coinciden, LUX es una experiencia operática, pero no una ópera. Es un experimento donde la voz humana se convierte en instrumento y la emoción supera la narrativa. Un disco que suena a catedral, pero vibra como un espectáculo pop contemporáneo.
En otras palabras, LUX no intenta imitar la ópera, la reimagina, la deconstruye y la viste de vanguardia. Rosalía no quiso ser soprano; quiso ser todo el escenario. Y, una vez más, lo consiguió.










