Por Vladimir “Vlady” Gómez – Editor | Gallimbo La Magazine
Rubén Blades decidió radicarse en Nueva York hace medio siglo, pero, fiel a su naturaleza inquieta y nómada, prefiere decir que vive donde está el trabajo. Aun así, la ciudad de los rascacielos no es un simple punto en el mapa: fue allí donde su carrera tomó forma profesional, en pleno auge de aquella salsa dura neoyorquina que terminó marcando para siempre la historia de la música latina.
Nada es eterno —como cantaba Héctor Lavoe en esos mismos años— y el propio Blades es hoy muy consciente del paso del tiempo. En conversación con Gallimbo La Magazine, mientras descansaba en su hogar neoyorquino, el maestro panameño confesó que planea regresar a Panamá, el país que lo vio nacer hace 76 años.
“Necesito tener la oportunidad de ver a mis amigos antes de que se me vayan”, dijo con una franqueza que desarma. “Ya estamos todos doblando la curva, y estos son los momentos en los que hay que pensar en esas cosas”.
La reflexión no es abstracta. Blades la conecta con hechos recientes y dolorosos, como la tragedia ocurrida en Santo Domingo, donde falleció su amigo Rubby Pérez tras el colapso del techo de un club nocturno. “Uno se siente bien, gracias a Dios, se hace exámenes y todo sale en orden… pero nunca se sabe”, agrega, con la serenidad de quien ha aprendido a mirar la vida sin negar su fragilidad.
“Fotografías”, los inmigrantes y el Grammy
Por ahora, sin embargo, el foco inmediato está puesto en su nominación al Grammy de este domingo, donde compite en la categoría de Mejor Álbum Tropical Latino con Fotografías, junto a pesos pesados como Gloria Estefan (Raíces), Grupo Niche (Clásicos 1.0), Alain Pérez (Bingo) y Gilberto Santa Rosa (Debut y segunda tanda, Vol. 2).
Lanzado en febrero de 2025, Fotografías tiene como eje emocional el tema “Emigrantes”, una canción que retrata con humanidad a quienes se han visto obligados a dejar su país sin que eso garantice una vida mejor.
“Todo lo que escribo tiene que ver con realidades que nos atañen a todos”, explica Blades. “Quizás por la circunstancia actual este tema se siente más fresco, más visible. Pero en los conciertos hay gente que preferiría escuchar ‘El padre Antonio y el monaguillo Andrés’, porque es una canción icónica”.
Aun así, “Emigrantes” resuena hoy con una fuerza particular, en medio del clima de incertidumbre que vive la comunidad indocumentada, pese a haber sido escrita antes del más reciente cambio político en Estados Unidos. No es casualidad: Blades siempre ha tenido el oído puesto en la temperatura social y política.
“Me pasó mucho en los años 70, con la guerra en Centroamérica”, recuerda. “La situación de los inmigrantes es algo que también me atañe a mí, como a tantos que hemos venido a parar aquí”.
Inestabilidad, historia y fe en la humanidad
Ante el caos global, Blades no cae en el alarmismo. Lo observa con perspectiva histórica.
“Claro que hay inestabilidad, pero creo que es una fase”, reflexiona. “A cada generación le toca vivir su fase. Mucha gente no recuerda lo que pasó en los 30, en los 40 o en los 70, ni acepta que los cambios son parte del proceso”.
Para él, incluso las crisis empujan a la humanidad hacia adelante. “Cada resolución de fase nos acerca más a una mejor sociedad. Yo no puedo creer que el universo se haya hecho para que lo controle el mal”.
Paradójicamente, esa vigencia ética es lo que hace que muchas de sus canciones sigan sonando actuales… y eso, admite, también tiene algo de triste. Temas como “Desapariciones”, escritos originalmente sobre las dictaduras latinoamericanas, adquieren hoy nuevas y perturbadoras lecturas.
“Es una pena que no vivamos en un mundo con mayor solidaridad”, lamenta. “Pero siempre ha sido así. La diferencia es que ahora somos más conscientes, en gran parte por las redes sociales y por una tecnología que está empezando a preocupar seriamente”.
Inteligencia artificial, salsa y humanidad
Blades no oculta su desconfianza hacia la inteligencia artificial. Dice evitarla, aunque reconoce que ya ha sido víctima de sus usos indebidos. “Me han puesto hasta en una silla de ruedas para vender cosas”, cuenta con ironía.
“El problema es que cada vez es más difícil distinguir la realidad de la fantasía”, advierte. “Y eso es peligrosísimo para quienes no tienen las herramientas para hacerlo”.
En contraste, Fotografías apuesta por un sonido orgánico, profundamente salsero, un regreso a una raíz que nunca ha abandonado del todo, aunque él mismo la haya reinterpretado a lo largo de su carrera.
“La salsa tiene algo especial”, afirma. “No solo porque conecta realidades de sociedades distintas, sino porque permite el baile, el contacto humano, en una sociedad cada vez más polarizada”.
No deja de ser simbólico que sea precisamente Rubén Blades —una de las figuras más legendarias del género— quien la reafirme hoy. Él mismo confiesa que estuvo a punto de retirarse hace cuatro o cinco años… hasta que tuvo un sueño.
“Se me aparecieron todos los personajes que he creado para exigirme que no me fuera. ¡Y tú no quieres tener problemas con Pedro Navaja!”, dice entre risas.
Bad Bunny, los purismos y el futuro
Su continuidad artística va de la mano de su alianza con Roberto Delgado & Orquesta, una big band flexible que le ha permitido recorrer distintos formatos y estilos, y con la que logró un hito: que una orquesta de salsa ganara dos veces el Latin Grammy a Álbum del Año.
En tiempos recientes, algunos han hablado de una “resurrección” de la salsa a raíz de Bad Bunny y DeBÍ TiRAR MáS FOToS. Blades matiza el debate.
“Bad Bunny no se encontró ahora con la salsa”, explica. “Es la música con la que crecieron él, Anuel, Farruko o René. Estaba en sus casas”.
Lejos de criticarlo, defiende su impacto: “Es alguien que puede vender 30 coliseos en siete horas y llegarle a una audiencia que no sabe quiénes fueron Celia Cruz, Tito Puente o Héctor Lavoe”.
Blades detesta los purismos. Los sufrió cuando experimentó con Seis del Solar en los 80, y aun así, décadas después, “Decisiones” sigue siendo infaltable en cada show.
Gallimbo Take
Rubén Blades no solo se prepara para otro Grammy.
Se prepara, como siempre, para dar testimonio.
Del inmigrante, del artista, del ciudadano, del ser humano que cree que la música —como la historia— se mueve en ciclos, pero nunca desaparece.
“La salsa va a continuar siempre”, sentencia. “El gusto es un péndulo. Hoy suena el reggaetón, mañana será otra cosa. Pero hay canciones que apelan al espíritu humano, y esas son las que perduran”.
A sus 76 años, Rubén Blades sigue siendo eso: memoria viva, conciencia activa y voz necesaria.
Y mientras exista esa voz, la historia —y la salsa— seguirán bailando.
Fotos: GETTY IMAGES FOR THE RECORDING ACADEMY










