Aunque el marcador no lo favoreció, su presencia volvió a levantar pasiones. Tito demostró que sigue siendo el alma del deporte boricua, dentro y fuera del ring.
Hey, hey, hey… ¡Gallimbo Sports en la casa! Y cuando el micrófono apunta al público, el coro es automático, “Tito, Tito, Tito”. El Choliseo vibra, las gradas se estremecen, y ahí está él —Félix “Tito” Trinidad, el boxeador más querido en la historia moderna de Puerto Rico— sonriendo con la misma humildad con la que un día levantó cinturones mundiales.
La ocasión fue el NBA Celebrity All-Star Game, un evento cargado de estrellas locales e internacionales que sirvió como antesala al juego entre Orlando Magic y Miami Heat, el regreso de la NBA a Puerto Rico después de casi dos décadas. Allí estaban artistas, atletas, comediantes y figuras del entretenimiento, todos listos para janguear y tirar canasto por la patria.
Pero cuando Tito entró en escena, el juego cambió de tono. El público no veía a un exboxeador, veía a su ídolo de siempre, al hombre que los hizo vibrar en cada nocaut y que ahora los hacía sonreír en la cancha.
“Aunque perdimos, perdimos, perdimos… en realidad ganamos el corazón de todos ustedes, de los puertorriqueños y de todos los que nos siguen en nombre del Señor”
dijo Tito, alzando el trofeo simbólico con la humildad que lo caracteriza.
Y es que no se trataba de ganar puntos, se trataba de compartir, de conectar, de recordar que el deporte sigue siendo una fiesta boricua. “Necesitamos cositas así lindas como este juego para que Puerto Rico siga hacia adelante”, añadió, con ese tono de campeón que suena más a consejo que a discurso.
Puerto Rico vibra entre canastos y cultura
El NBA Puerto Rico Celebrity Game formó parte del fin de semana deportivo organizado por la Compañía de Turismo y el Municipio de San Juan, junto con la NBA, para posicionar la isla como epicentro caribeño del deporte y el entretenimiento.
El evento reunió a figuras como Raymond Arrieta, Yadier Molina, Carlos Beltrán, Amanda Serrano y otros nombres grandes del país. Pero fue Tito quien se robó el show. Con su energía, su sonrisa y ese cariño natural del público, el exboxeador se llevó el aplauso más grande de la noche y fue reconocido como el MVP del juego.
“Cuando todo el coliseo empezó a gritar ‘Tito, Tito, Tito’… eso me hace sentir muy bien. De pequeño nunca pensé que podía llegar hasta aquí, pero luché con perseverancia y lo logramos.”
En medio de los flashes y los gritos, Tito también aprovechó el momento para dejar una lección:
“A todos los jóvenes, boxeadores o deportistas, no importa lo duro que sea, sigan buscando llegar. Se puede llegar sano de corazón. A mis 52 años, nunca he fumado, nunca he bebido. Estoy sumamente sano.”
Un mensaje que sonó más fuerte que cualquier campanazo.
Voces fuera de la cancha
La emoción trascendió el juego.
Amanda Serrano, campeona mundial de boxeo femenino, lo describió como “el ejemplo más grande de disciplina que tenemos los atletas boricuas”.
Raymond Arrieta bromeó diciendo que “cada vez que Tito entra a un sitio, se siente como si el himno nacional sonara de fondo”.
Y Willianette Robles, directora de la Compañía de Turismo, celebró su participación: “Tito representa lo mejor de Puerto Rico. Este evento fue para demostrarle al mundo que somos capaces de unir deporte, cultura y corazón en un mismo espacio.”
La vibra fue la de un país que celebra a sus héroes, que se enorgullece de su gente y que disfruta ver a sus leyendas volver, aunque sea por un rato, a ser parte del espectáculo.
El campeón
Félix “Tito” Trinidad —nacido en Cupey Alto, San Juan— es sinónimo de gloria deportiva. Campeón mundial en tres divisiones (welter, superwelter y mediano), con un récord profesional de 42 victorias (35 por nocaut) y solo 3 derrotas, Tito puso a Puerto Rico en el mapa del boxeo internacional durante los años 90 y 2000.
Fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en 2014 y es considerado, junto a Wilfredo Gómez y Miguel Cotto, uno de los grandes pilares del boxeo boricua.
Hoy, lejos del ring, sigue representando lo mismo: constancia, fe, humildad y orgullo patrio.
Cierre Gallimboso: Tito no necesita cinturones para seguir siendo campeón. Cada vez que el público grita su nombre, es como si el coliseo entero le levantara otra vez la mano en señal de victoria. Su legado no se mide en rounds ganados, sino en corazones conquistados.
Y aunque diga “perdimos”, Puerto Rico sabe la verdad: cuando Tito dice presente… ganamos todos.










