La calle Loíza retumbó otra vez, pero esta vez no fue por un party ni un revolú, sino por historia viva, arte callejero y música con peso. Wisin, “El Sobreviviente”, volvió a donde todo empezó para celebrar lo que él llama su última entrega de una trilogía que marcó generaciones. “El Sobreviviente III” no es solo un disco, es un junte entre épocas, sonidos y almas creativas que saben lo que es bregar desde cero.
Todo arrancó con nostalgia: enero 19 del 2016, cuando Chente grabó un podcast sin cámaras con Wisin, con una grabadorcita y mucho corazón. Ocho años después, la cosa escaló a otro nivel. Frente a un mural brutal hecho por Ismo, el caballo del arte urbano en PR, se plasmaron las tres etapas de Wisin: 2004, 2014 y 2025. Un homenaje visual que vibra entre el reflejo del pasado y la potencia del presente.
“Somos puertorriqueños soñando todos los días”, dijo Wisin con la frente en alto, mientras se tomaba un palo al frente del mural.
Ismo, conocido por su estilo “cromeado” que mete reflejos, luces y texturas como si fuera un espejo del alma del barrio, fue quien transformó la icónica “W” del primer disco en una pieza que te mira y te habla. En la obra, cada reflejo representa una época, cada sombra tiene intención, y el detalle está tan cabrón que hasta Ismo mismo aparece en el reflejo. Es arte que no solo se ve, se siente.
Pero no todo fue pincel y spray. Wisin también se abrió sobre su nuevo disco: una mezcla de madurez y respeto al reggaetón de la mata. Juntes con Speedy, Capo, BL y más, lo convierten en un álbum que no solo suena duro, sino que honra las raíces. Mención especial al temazo “La Ex”, con Hay, que según Wisin, fue tan bueno que lo dejó tal cual llegó. “Yo no lo podía quitar de ahí. Ese chamaquito es dulce”, dijo con emoción.
Chente, como siempre, tiró sus preguntas sabrosas, y Wisin no se guardó ná’. Habló de los tiempos en que “El Sobreviviente” nació porque estaba a fuego con medio mundo, de cómo Yankee lo pidió pa’ una tiradera, y de cómo se ganó el respeto a punta de chanteo. “Esa presión saca lo mejor de uno”, dijo. Y sí, lo sacó, porque desde ese disco en el 2004 con “Saoco” y “El Gistro Amarillo”, Wisin no ha bajado bandera.
También se habló de troba, salsa y pleneros. Wisin confesó que antes de ser reguetonero, soñaba con ser trovador, de esos que rompen en las lechoneras por propinas de 30 pesitos. Y ahora, con un pie en la historia y otro en el presente, está coqueteando con un proyecto navideño donde piensa mezclar cuatro, bomba y poesía callejera. Porque pa’ W, ser boricua es eso: roncar, cantar, y de paso, limpiar la casa con mapo en mano mientras cortas la grama en tractor.
“Soy el Douglas Candelario del reggaetón”, dijo entre risas.
Y como buen papá, habló de sus hijos, de la vida cotidiana, de lavar platos con máquina (lo más grande que se ha inventado) y de cómo se goza más la carrera ahora que antes. Porque como él dice, ya ganó, ahora está en su “victory lap”.
Al final, dejó caer la bomba: no habrá “Sobreviviente IV”. Este tercer capítulo cierra un ciclo, pero abre la puerta pa’ sueños nuevos que vienen en 2026.
Mientras, en la Loíza, queda la pieza. Queda el arte. Queda la historia.









