Con el país al borde de otro apagón, Jay Fonseca saca los recibos, revela cómo una barcaza fantasma, contratos de billones y muelles “casualmente comprados” forman parte del guiso eléctrico más caro del Caribe.
Mientras tú estabas en la fila pa’ ver a Bad Bunny en el Coliseo, una novela más intensa que cualquier reguetón perreable se estaba cocinando frente a la costa de Puerto Rico. Spoiler: no es ficción, es el verdadero teatro energético donde los protagonistas son una barcaza misteriosa, una empresa con billones en contratos, y un Jay Fonseca echando candela con facts y coraje patrio.
Acto I: La barcaza que no quería aparecer
Resulta que Genera PR, la compañía encargada de la generación eléctrica en la isla (propiedad de un billonario dueño de los Milwaukee Bucks, West Edens), se guilló de diva y se llevó su barcaza de gas porque el Gobierno de PR le debía 9 milloncitos. Sí, nueve. Como si eso fuera calderilla para una empresa con más de $20 mil millones en negocio.
Pero aquí es donde el libreto se pone gallimboso: cuando la barcaza se estaba yendo, la gobernadora le había firmado un contrato de $20 billones por 15 años pa’ que esa misma empresa nos siguiera vendiendo el combustible… ¡al doble del precio que en otras partes del mundo!
Acto II: El monopolio con vista al muelle
Jay lo dijo sin miedo. “Esto es lucha libre política con trama de insider trading”. New Fortress, dueños de Genera PR, mágicamente compraron un muelle justo frente a la planta eléctrica de San Juan… ¡seis meses antes de que se abriera la subasta pública! ¿Coincidencia? En Puerto Rico, eso se llama tener la jugada montá desde antes que sonara la campana.
Y no solo eso, tuvieron acceso a info confidencial gracias a un acuerdo de “colaboración” que parecía más bien el libreto de un guiso con clase VIP. Como diría Jay: “Esto no fue planificación, fue planificación pa’ clavarte”.
Acto III: contratos, gasoductos y el tubo del diablo
Jay se fue hasta el pasado pa’ explicarnos la verdadera película, el famoso gasoducto del sur que se iba a construir pa’ llevar gas desde Peñuelas hasta Salinas quedó a mitad por politiquería, desinformación y mapas del año del ñangué. Luego, Fortuño quiso hacer uno por el norte más largo, más caro y más innecesario. Se votaron más de $100 millones en eso.
¿Resultado? Nada. Solo tubos abandonados, campañas políticas llenas de miedo y un sistema energético igual o más jodío que antes.
Acto IV: El país que siempre se deja
Jay no aguantó más y soltó la frase más icónico del episodio: “¿Cómo es posible que yo, un gordito de Jaguar que estudió finanzas, entienda esto, y toda esa gente con diplomas de Princeton se hagan los locos?”.
Los políticos firmaron, los contratos se dieron, los monopolios se fortalecieron, y aquí seguimos, esperando que no se vaya la luz mientras vemos barcazas paseando por la bahía como si fueran yates.
Epílogo: Y mientras tanto, meta le tira a ChatGPT
Y por si fuera poco, pa’ cerrar el episodio, Jay y Chente se fueron en viaje con el futuro: Meta ofreciendo $100 millones pa’ llevarse cerebros de OpenAI, los verdaderos jugadores del AI moderno. Así mismito como los Yankees compraban peloteros en los 90, ahora se compran programadores. Porque hoy, los verdaderos rockstars son los nerds.
Conclusión Gallimbosa:
Mientras nos entretienen con shows, barcazas, conspiraciones de Epstein, y clases de superinteligencia artificial, nos siguen cocinando a fuego lento con contratos que huelen más a traqueteo que a gas natural.
Y como diría Jay, “Nosotros podríamos ser un país donde todos ganemos… pero aquí siempre hay uno que se quiere quedar con la vaca, la leche y la ubre”.









