Del murciélago al Grammy, del escándalo al corazón de su familia. Ozzy, el brujo de Birmingham, partió a los 76 años dejando el heavy metal de luto, pero el mundo sigue rockeando a su nombre.
Si pensabas que nada podía tumbar a Ozzy, piénsalo otra vez. El padrino, el loquito, el OG del heavy metal, nos dijo adiós este martes en su natal Birmingham, rodeado de su corillo y con la frente en alto, justo después de su último concierto que dejó a medio planeta llorando y haciendo los cuernitos con la mano. Ozzy, el mismo que le dio un mordisco a un murciélago en tarima, ahora se va pa’ la historia con más leyenda que miedo.
John Michael Osbourne, mejor conocido como Ozzy, arrancó desde abajo, de las calles industriales de Birmingham, donde el smog era más espeso que los riffs de Tony Iommi. En el 69 fundó Black Sabbath y, sin saberlo, le metió candela a un género entero. El primer disco fue un “¡abróchense los cinturones!” para el mundo, oscuro, pesao y directo pa’ romper la nota hippie de la época. ¿Quién no ha rockeado con “War Pigs”, “Iron Man” o “Paranoid”? Si no las has gritado borracho en un karaoke, te falta vivir.
Pero Ozzy no era santo. De loco y problemático tenía un PhD, drogas, alcohol, peleas y un tour de escándalos. Lo botaron de Sabbath, pero el hombre no se dejó. Montó su carrera de solista y con “Crazy Train” y “Flying High Again” se metió en el bolsillo hasta los que no sabían lo que era el heavy metal. Ahí fue donde se inventó el “Blizzard of Ozz”, y pa’ que sepas, eso fue puro oro musical, con guitarristas monstruos como Randy Rhoads y Zakk Wylde.
El tipo ganó de todo, hasta dos entradas al Salón de la Fama del Rock & Roll, con Sabbath y solo. Y, como si fuera poco, fue pionero de los reality shows con “The Osbournes”, enseñando que el más loco de la industria podía ser también el más humano, el papá que vacila con su familia y se deja querer, aunque sea a gritos y con cámaras encima.
No contento con eso, fundó el Ozzfest y le abrió la puerta a toda una generación de bandas que crecieron queriendo ser tan heavy como él. Hace apenas unas semanas, montó su último round en UK, reunión brutal de Sabbath y un line-up que ni el Rock Hall podía soñar –Metallica, Guns N’ Roses, Slayer, Tool y hasta Jason Momoa metiendo mano en la animación. Eso fue la despedida más dura de la historia del metal.
Ozzy, con su look de mago loco —pelo largo, maquillaje oscuro, gafas redondas y esas cruces colgando—, siempre fue un show en sí mismo. Y aunque en el 2020 tiró el disco “Ordinary Man” con Elton John y hasta se llevó más Grammys, su mayor premio fue siempre su tribu, Sharon, Kelly, Aimee y Jack. El viejo, aunque se las traía de bad boy, en el fondo era puro corazón.
La familia pidió privacidad, pero tú sabes que el legado no se calla. Ozzy Osbourne no murió, el hombre se convirtió en leyenda.
Hoy, en el cielo del rock, hay uno que manda. ¡Larga vida al Príncipe de las Tinieblas!










