El terror se muda a Ponce en el único castillo embrujado de Puerto Rico
Se acabó la calma en la ciudad señorial. El Castillo Serrallés se vistió de sombras y se convirtió en algo que nadie vio venir. The Haunted Manor aterrizó para apoderarse de octubre y hacer de este ícono ponceño el único castillo embrujado de la isla.
Un circo maldito, pasillos oscuros y ecos que parecen venir del más allá. Así será la experiencia que, desde el 1 hasta el 31 de octubre, va a sacudir a locales y visitantes que se atrevan a cruzar sus puertas.
El truco y el trato a la ponceña
La producción promete efectos especiales, actores que se mueven como si hubieran escapado de otra dimensión y un montaje que mezcla lo histórico con lo diabólicamente moderno. Si creías que Halloween en Puerto Rico era solo calabazas y fiestas de disfraces, aquí el nivel sube a categoría de leyenda.
Para no dejar afuera a la familia, el 26 de octubre se abre un horario especial con un ambiente más light. Los chamaquitos podrán recorrer el castillo, sentir el misterio y salir con historias para contar sin los sustos hardcore.
El castillo perfecto para el espanto
El Serrallés no es cualquier edificio. Es una mansión que se levanta en el Cerro El Vigía, construida en los 30 cuando la familia del ron tenía al mundo en su copa. Hoy es museo, postal de bodas y joya turística. Y este mes se convierte en escenario de un circo embrujado que parece sacado de una película.
La productora Maru Chacón lo dijo sin miedo:
“Ponce es cultura, tradición y entretenimiento de calidad. Con The Haunted Manor en el Castillo Serrallés queremos darle a Puerto Rico una experiencia única y reforzar la riqueza turística de la Ciudad Señorial”.
Más que un evento, una nueva tradición
El plan es que esto no sea un one hit wonder, sino que cada octubre el castillo se convierta en referencia obligada de Halloween en la isla. Terror con sello local y escenario histórico que no se repite en ningún lado.
Los boletos ya están a la venta y la mesa está servida. Lo demás depende de quién tenga los nervios para entrar al circo maldito y quién se queda afuera diciendo que “quizás el año que viene”.










