Desde la montaña hasta La Casita, del ‘setlist’ a las emociones familiares, Benito y Residente repasaron en una conversación íntima para Billboard el impacto cultural, artístico y personal de la histórica residencia en el Choliseo
“No me quiero ir de aquí” no fue solo el título de la residencia más ambiciosa en la historia del Coliseo de Puerto Rico, sino también el eje de una conversación profunda entre Bad Bunny y Residente, publicada por Billboard Presents.
Sentados en la cocina de La Casita, ese escenario secundario que convirtió el VIP en un party de marquesina, Benito Antonio Martínez Ocasio compartió con René Pérez Joglar los detalles de cómo nació, se construyó y se vivió un espectáculo que trascendió lo musical para convertirse en un acto cultural y emocional.
Benito confesó que la primera chispa creativa fue la montaña en medio del Choliseo. “La primera idea, lo primero fue la montaña. Yo tenía esta ilusión y esta fantasía de poner una montaña así en medio del Choli… como si agarraran un pedazo de una montaña del centro de la isla y la pusieran en el Choli”.
A esa imagen se sumó el billboard como pantalla, símbolo de la tensión entre naturaleza y modernidad. Luego apareció La Casita, nacida de su incomodidad con los espacios exclusivos. “Lo más que me da cosa son los VIP, como que siempre es raro y el faranduleo… El VIP va a ser la casita del disco, la casita de Jacobo… con su cocina, con su sofá, con todo. Y va a ser este pari de marquesina”.
Ese espacio se transformó en un lugar de cercanía: “Te sentías como anfitrión de la casita, pendiente a la gente, saludándolos como si fuera tu casa. Parecía tu fiesta en tu casa y así lo sentía”, relató.
El setlist como viaje
La residencia también mostró la obsesión de Benito por el orden de las canciones. “Para mí eso es lo más que me toma tiempo… el setlist es un viaje”. Explicó cómo decidió comenzar con “Alambre de Púa”, una bomba que había quedado fuera del disco: “Es mi entrada, es el inicio del show. Ya la gente se va a pompear, aunque no se la sepa”.
El viaje musical pasó por la bomba, la guitarra y las canciones románticas, el perreo de La Casita, la plena y la salsa. “La plena no hay ser humano que se resista a bailarla… y la salsa es lo más brutal que se haya quedado para lo último”, comentó.
El show contó con invitados de distintos géneros y deportes, pero Benito admitió que le hubiese gustado tener a Tego Calderón como espectador y a Drake como sorpresa. También lamentó no haber podido cantar con Víctor Manuelle, con quien había colaborado en salsa al inicio de su carrera.
Nombró además a figuras ausentes con las que hubiera soñado compartir tarima: Héctor Lavoe, Frankie Ruiz, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Tito Rojas y Celia Cruz.
Canciones que lo hicieron llorar
Varias canciones lo conmovieron profundamente durante la residencia. La primera vez que cantó “La mudanza” fue especial: “Rápido me dio sentimiento ahí empezar a hablar de mis papás”. También recordó un día junto a su abuelo: “Hoy estuve todo el día con abuelo jugando dominó… y cuando vine a esa parte de Debí tirar más fotos me dio un sentimiento”.
Incluso temas como “Turista”, “Baile inolvidable” y “Lo que le pasó a Hawái” lo conectaron con momentos de nostalgia y vulnerabilidad.
Benito también habló de su relación con la fotografía y la pérdida de un rollo que le dolió profundamente. De ahí nació una reflexión: “La foto es la del corazón… guardar esas memorias y vivírtelas”. Contó cómo pedía al público bajar los teléfonos para bailar y vivir el momento: “En mis conciertos he visto que hay una gran cantidad de personas que no los ves grabando, los ves bailando”.
Otro de los temas fue su incursión en el cine, con papeles en “Happy Gilmore 2” y “Caught Stealing”. “No quiero actuar solo por ser Bad Bunny. Lo hago con respeto, aprendiendo poco a poco”, aseguró. Explicó cómo la lucha libre y la música lo habían entrenado en recursos actorales.
Residente le reconoció que, al igual que en la música, lo más importante en el cine es transmitir honestidad: emociones que no se buscan, sino que nacen en el momento.
Cultura y pertenencia
Más allá de la producción, ambos artistas coincidieron en el valor cultural de la residencia. “Lo que lograste no se puede medir en dinero. El impacto cultural es mucho más grande que el económico”, dijo Residente.
Benito subrayó que su objetivo era unir generaciones y crear un disco para Puerto Rico. “Yo voy a hacer un disco para Puerto Rico, y si me toca cantar el resto de mi carrera en Puerto Rico nada más, yo soy feliz”.
Sobre el mensaje “No me quiero ir de aquí”, explicó: “No me quiero ir de Puerto Rico, como tampoco me quiero ir del show, ni de la tarima, ni de estar con ustedes… El principal es ese, no me quiero ir de mi casa”.
La entrevista terminó entre agradecimientos y risas. Residente resumió lo vivido como un orgullo cultural, y Benito insistió en que lo que más lo llenó fue sentir la energía de un país unido.
El mensaje quedó claro: la residencia no fue solo un concierto. Fue un acto de comunidad, un viaje emocional y un símbolo de pertenencia. Como escribió en la pantalla del Choliseo: “No me quiero ir de aquí”.











