La reina de los chimpancés se nos fue a los 91, pero dejó un legado que no hay quien lo borre
Se acabó el viaje terrenal de Jane Goodall, la primatóloga más dura que parió Londres, la misma que cambió pa’ siempre la manera en que miramos a los chimpancés… y, de paso, a nosotros mismos. Goodall murió a los 91 años en California, tranquila, de causas naturales, mientras seguía haciendo lo que mejor sabía, hablarle al mundo sobre cuidar lo que tenemos antes que se joda pa’ siempre.
Lady Chimpancé, como se conocía, se metió en la selva de Gombe, Tanzania, desde los años 60, y allí se tiró más de seis décadas estudiando, observando y conviviendo con los panas peludos. Gracias a ella descubrimos que los chimpancés usan herramientas, cazan en corillo y hasta tienen dramas sociales que parecen novelas turcas. Jane les dio nombre, les vio personalidades y nos obligó a aceptar que los animales sienten y piensan más de lo que muchos creían.
No fue solo ciencia, la doña fundó el Jane Goodall Institute en el ’77 y después Roots & Shoots, un movimiento global de chamaquitos activistas que hoy sigue metiéndole duro a la defensa de animales, comunidades y ambiente. Básicamente, Jane plantó semillas pa’ que nuevas generaciones sigan peleando por la naturaleza con flow de futuro.
Y quién no recuerda ese video viral en 2013, cuando la chimpancé Wounda la abrazó antes de volver a la selva. Ese momento se convirtió en símbolo de agradecimiento entre especies. Un abrazo que todavía nos estruja el corazón.
Los reconocimientos le llovieron. Premio Príncipe de Asturias, Dama del Imperio Británico, Embajadora de la Paz de la ONU. Pero más allá de medallas, su verdadera condecoración fue esa vibra de conectar ciencia con compasión.
Jane tenía una frase que hoy suena más fuerte que nunca:
“Lo que haces marca la diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres marcar.”
Pues ya tú sabes, corillo. La doña se nos fue, pero dejó la tarea clara, deja huella, pero que valga la pena.









