Jaafar Jackson adelantó que la segunda parte de Michael se meterá de frente en las acusaciones de abuso infantil que persiguieron al Rey del Pop durante años. Esta vez, asegura, la historia buscará enseñar también cómo Michael vivió aquel terremoto desde adentro.
Hay historias que uno puede contar con música, luces, estadios explotados y gente desmayándose con apenas ver al artista levantar una mano. Y después está la otra parte. La incómoda. La que baja el volumen de la música y convierte el espectáculo en un revolú mucho más serio. Ahí precisamente quiere entrar la segunda película sobre Michael Jackson.
Jaafar Jackson, sobrino del Rey del Pop y encargado de interpretarlo en Michael, adelantó que la continuación del biopic abordará uno de los capítulos más controversiales de la vida de su tío: las acusaciones de abuso sexual infantil que comenzaron a perseguir públicamente al cantante durante la década de 1990.
Según explicó Jaafar en una entrevista con GQ Middle East, durante décadas el público ha escuchado ampliamente las versiones de quienes acusaron al artista, mientras que, desde la perspectiva de la familia Jackson, la versión y experiencia personal de Michael no siempre recibió el mismo espacio.
La secuela pretende entrar justamente por esa puerta.
SE ACABÓ LA PARTE BONITA
La primera película pudo quedarse relativamente cómoda contando el ascenso meteórico del chamaquito de Gary, Indiana, que comenzó cantando con sus hermanos y terminó convirtiéndose en uno de los artistas más grandes que haya parido la industria musical.
Jackson 5. Thriller. MTV. Estadios llenos. Pasos imposibles. Millones de discos.
La película termina en 1987, alrededor de la era de Bad. En otras palabras, justo antes de que la historia de Michael comenzara a ponerse bastante más complicada.
Las primeras acusaciones públicas llegaron en 1993, cuando la familia de Jordan Chandler acusó al cantante de abuso sexual.
El caso fue investigado por las autoridades sin que se presentaran cargos criminales. Paralelamente hubo una demanda civil que terminó mediante un acuerdo económico reportado en aproximadamente $25 millones.
Pero aquello no sería el final. Una década después Michael volvió a estar sentado en el banquillo.
En 2003 fue arrestado y acusado de varios delitos relacionados con Gavin Arvizo, quien tenía 13 años cuando ocurrieron los hechos alegados. El juicio llegó en 2005 y se convirtió prácticamente en un circo mediático mundial.
Al final, Jackson fue absuelto de todos los cargos. Ese detalle es importante porque, con Michael Jackson, separar hechos judiciales, acusaciones, opiniones y espectáculo mediático se convirtió durante años en una tarea complicada.
NI MUERTO SE ACABÓ EL REVOLÚ
Michael murió en 2009, pero las controversias alrededor de su nombre siguieron caminando como si nada.
En 2019 llegó Leaving Neverland, documental construido alrededor de los testimonios de Wade Robson y James Safechuck, quienes aseguraron haber sido víctimas de abuso cuando eran menores.
La familia Jackson, el patrimonio del cantante y sus representantes han rechazado reiteradamente esas acusaciones.
Michael Jackson, por su parte, nunca fue declarado culpable de delitos relacionados con abuso sexual infantil.
Y esa tensión entre las acusaciones que continúan rodeando su nombre y lo que ocurrió judicialmente será uno de los campos minados por donde tendrá que caminar la segunda película.
Porque aquí no estamos hablando simplemente de ponerse una chaqueta brillante, practicar el moonwalk y gritar hee-hee.
YA HABÍAN GRABADO PARTE DEL REVOLÚ
Lo curioso es que la primera película originalmente iba a llegar más lejos.
Antoine Fuqua, director del proyecto, reveló que se habían filmado escenas relacionadas con las acusaciones de 1993. Sin embargo, asuntos legales vinculados con acuerdos anteriores obligaron a meter reversa y reorganizar la historia.
Reportes de la industria han señalado que determinadas cláusulas relacionadas con el acuerdo alcanzado con la familia Chandler limitaban la utilización de algunos elementos de aquel episodio.
Resultado: regrabaciones, cambios y tijera.
Fuqua terminó concentrando la primera película en el Michael anterior al escándalo, permitiendo que el público conociera primero al chamaquito, al artista obsesivo, al fenómeno cultural y al tipo capaz de poner medio planeta a bailar antes de entrar en los años que cambiaron para siempre la conversación alrededor de su nombre.
Pero aparentemente material hay. Adam Fogelson, ejecutivo de Lionsgate, ha señalado que existen secuencias ya filmadas —incluyendo números musicales— que podrían terminar formando parte de la continuación.
La producción podría comenzar entre finales de 2026 y principios de 2027, con un posible estreno entre finales de 2027 y comienzos de 2028.
AHORA VIENE EL MICHAEL DE PUERTAS ADENTRO
Jaafar también contó que para construir el personaje tuvo acceso a diarios y anotaciones privadas de su tío.
Y ahí encontró otro Michael.
Uno curioso, extremadamente ambicioso, creativo y con una manera casi infantil de mirar ciertas cosas del mundo. Un tipo capaz de controlar un estadio completo con dos movimientos y, al mismo tiempo, vivir puertas adentro una realidad muchísimo más extraña y complicada.
Ese contraste puede terminar siendo el corazón de la segunda película. Porque contar a Michael Jackson nunca ha sido sencillo.
Fue una maquinaria musical absurda, una figura que cambió para siempre el videoclip, el baile, el pop y la manera de fabricar superestrellas globales. Pero también fue un hombre cuya vida quedó atravesada por acusaciones gravísimas, investigaciones, demandas, un juicio criminal y una exposición mediática pocas veces vista.
Michael murió el 25 de junio de 2009, a los 50 años, víctima de una intoxicación aguda con propofol.
Más de 17 años después, pones Billie Jean y todavía aparece alguien haciendo el pasito.
Pero dices “Michael Jackson” y también aparece inevitablemente la discusión.
Ahí está el verdadero reto de esta segunda película. La primera pudo quedarse con el moonwalk.
La próxima tendrá que caminar por terreno mucho más peligroso.










