La industria que durante décadas vivió de barras llenas, botellas descorchadas y del famoso “una más y nos vamos” está cogiendo un cantazo serio. Las grandes compañías de cerveza, vino y licores han perdido alrededor de $830 mil millones en valor bursátil desde 2021, mientras cambia la manera —y la frecuencia— con la que el planeta bebe.
Durante años hubo cosas que parecían garantizadas en esta vida, que el viernes llegaba después del jueves, que alguien iba a pedir “la última” cuando claramente no era la última y que vender alcohol era prácticamente un negocio blindado. Pues parece que hasta las barras tiene sus épocas malas.
Las acciones de algunas de las mayores compañías de cerveza, vino y destilados del planeta han perdido colectivamente unos $830 mil millones en valor de mercado en poco más de cuatro años, según un análisis de Bloomberg (agencia de noticias especializada en negocios y economía). Un indicador que agrupa cerca de 50 compañías del sector llegó a ubicarse 46% por debajo del récord alcanzado en junio de 2021.
Traducido al idioma del chinchorro. El corrillo todavía bebe, pero ya no está bebiendo como antes.
El problema no está solamente dentro de la botella
Sería fácil echarle toda la culpa a una nueva generación obsesionada con el gimnasio, el agua mineral y despertarse un domingo sin sentir que Bad Bunny está dando un concierto dentro de su cabeza.
Pero el revolú es bastante más grande. Bloomberg señala una combinación complicada para la industria: cambios en los hábitos de consumo, mayor preocupación por la salud, tasas de interés elevadas, presión sobre los bolsillos, aranceles estadounidenses y mayores costos de algunas materias primas. China también ha aportado su dosis de dolor con una confianza débil entre los consumidores y restricciones al alcohol en funciones oficiales.
Y cuando el bolsillo aprieta, aquel whisky premium que uno miraba bonito desde la góndola puede quedarse allí mirándolo a uno.
IWSR encontró en 2025 que los presupuestos destinados al alcohol estaban reduciéndose en varios mercados importantes por la combinación del costo de vida y una mayor moderación entre consumidores.
Ojo, los chamaquitos sí están bebiendo
Aquí viene un plot twist bueno.
Durante algún tiempo se vendió la idea de que la Generación Z prácticamente había mandado el alcohol pal carajo. No exactamente.
Datos de IWSR publicados en julio de 2026 muestran que 74% de los adultos Gen Z con edad legal para beber en 15 mercados consumían alcohol, frente al 66% registrado tres años antes. Los millennials, de hecho, presentaron la participación más alta, con 81%.
Así que el problema no es simplemente que los jóvenes dejaron de beber.
Están bebiendo diferente.
Son más selectivos, alternan productos, moderan cantidades y participan de ocasiones donde beber alcohol ya no necesariamente es el centro del jangueo. IWSR encontró además que el número promedio de categorías consumidas por Gen Z en una ocasión cayó de 2.8 a 1.8 en dos años.
En otras palabras, quizás todavía hay party, pero ya no necesariamente empieza con cerveza, sigue con tequila, termina con whisky y culmina buscando un sándwich de mezcla a las cuatro de la mañana.
La botella sin alcohol quiere asiento en la barra
Las compañías entendieron el mensaje y están buscando dónde está el próximo peso.
Por eso cada vez vemos más cervezas, vinos y bebidas espirituosas con poco o ningún alcohol. Y esto dejó de ser una esquinita experimental del supermercado.
En Estados Unidos, mientras el volumen total de bebidas alcohólicas cayó 5% durante 2025, la cerveza sin alcohol creció 15%. La cerveza tradicional bajó 6%, el vino otro 6% y los destilados 4%.
En el vino ocurre algo parecido. Entre 2019 y 2024, el vino sin alcohol aumentó en los ocho grandes mercados estudiados por IWSR, incluyendo un impresionante 23% anual compuesto en Estados Unidos.
Eso explica por qué las grandes casas están ampliando sus líneas sin alcohol mientras recortan gastos y reajustan estrategias.
El jangueo no murió, cambió las reglas
Bloomberg calculó posteriormente que, entre 2019 y 2025, el consumo de alcohol medido por porciones cayó a una tasa promedio anual de alrededor del 2% en mercados que representan cerca del 75% del negocio mundial.
Eso es suficientemente grande para poner nervioso a Wall Street, pero no significa que el mundo amaneció sobrio.
Significa algo posiblemente más incómodo para las compañías: la relación de la gente con el alcohol está cambiando.
Ahora entran en la ecuación el bolsillo, la salud, el wellness, el “mañana entreno”, el mocktail, la cerveza 0.0 y ese pana que pide agua con gas en la barra y ya ni siquiera tiene que explicar por qué.
Durante décadas, la industria hizo fortuna vendiendo la idea de que toda buena celebración necesitaba una botella.
Ahora le toca convencer a una generación que parece estar diciendo: “Podemos janguear igual… pero bájale dos a la bebida.”











