El exjugador de la NBA se unió a la YMCA para revivir una cancha en Río Grande y seguir abriendo espacios para el talento deportivo de la isla.
A Carmelo Anthony la primera jugada no le salió como quería. Su proyecto con el Puerto Rico Football Club recibió un cantazo del cual nunca pudo recuperarse, pero el tipo no se quitó ni se olvidó de la isla. Carmelo sigue pendiente a Puerto Rico y buscando la manera de meter mano donde haga falta.
Cuando llegó al fútbol boricua, su intención era desarrollar talento desde las categorías menores. No se trataba solamente de tener un equipo profesional y salir bonito en la foto. La apuesta incluía crear una estructura que permitiera a niños y jóvenes crecer dentro del deporte y comenzar a mirar el fútbol como una posibilidad real.
Entonces llegó el huracán María en 2017 y ya sabemos cómo terminó la película.
El golpe fue fuerte para toda la isla y el Puerto Rico Football Club no quedó fuera de los vientos huracanados. A los daños provocados por el ciclón se sumaron los problemas económicos y administrativos que atravesaba la North American Soccer League. La liga comenzó a tambalear y los equipos que formaban parte de ella quedaron metidos en el mismo lío.
Anthony admite que fue difícil levantarse de aquello. El club no pudo continuar, pero las ganas de apoyar el deporte puertorriqueño se quedaron vivas.
Ahora Carmelo está mirando el panorama completo. Quiere llevar recursos y oportunidades al fútbol, al baloncesto, al béisbol, al golf y a cualquier otra disciplina donde su nombre, sus conexiones y su fundación puedan abrir puertas.
Ese nuevo capítulo ya comenzó en Río Grande. La Fundación Carmelo Anthony y la YMCA de San Juan invertirán $250,000 para rehabilitar una media cancha de baloncesto al aire libre en la comunidad Barcelona. La obra será el primer paso de un proyecto mucho más grande: devolverle vida al antiguo Campamento Manuel Bueno.
El lugar está ubicado en una finca de 40 cuerdas cerca del lado norte de El Yunque. Desde la década de 1950 tuvo canchas, piscina, cabañas y espacios donde las familias podían reunirse y los jóvenes participar en actividades deportivas. El huracán Hugo lo destruyó en 1989 y, desde entonces, el campamento quedó como un recuerdo de lo que alguna vez fue.
La YMCA quiere cambiar esa historia. Los trabajos de la cancha podrían estar listos dentro de un año y la meta, si aparecen los recursos y las alianzas necesarias, es recuperar eventualmente todo el campamento.
Carmelo contó que el respaldo de los residentes fue importante para decidirse a participar. Y eso hace sentido: nadie conoce mejor lo que necesita una comunidad que la gente que vive allí.
La cancha será el comienzo. Porque uno puede hablar de desarrollar atletas, organizar programas y descubrir talento, pero si los muchachos no tienen dónde jugar, todo lo demás se queda en labia.
Carmelo Anthony lo sabe. Por eso regresó a la cancha, aunque esta vez no será para meter 30 puntos. Su nueva jugada es ayudar a que otros tengan un lugar donde comenzar a buscarlos.










