Después de 26 años de espera, los neoyorquinos pasaron por encima de Cleveland como una aplanadora y ahora sueñan con su primer campeonato desde 1973
El Madison no estaba jugando, Nueva York tampoco. Los Knicks acaban de hacer lo que una generación completa de fanáticos llevaba esperando desde que todavía se usaban beepers: regresar a unas Finales de la NBA. Y no fue raspando.
El equipo neoyorquino le pasó el rolo a Cleveland con una pela de 130-93, completando una barrida 4-0 que dejó a los Cavaliers viendo el verano llegar más temprano de lo esperado. La última vez que los Knicks habían llegado tan lejos fue en 1999, cuando Larry Johnson todavía metía miedo y medio Puerto Rico tenía cable pirata.
Lo de esta serie fue un abuso con recibo. Cleveland apenas aguantó el arranque antes de que Nueva York les cayera encima con un demoledor parcial de 20-0 que básicamente apagó las luces del juego desde temprano. Cada vez que los Cavs intentaban respirar, los Knicks les metían otro cantazo. Cuando parecían acercarse tras el descanso, otro rally de 12-0 les cerró la puerta en la cara. En el último cuarto, con la fiesta ya montada, vino otro 12-0 porque aparentemente la misericordia no estaba en el libreto.
Karl-Anthony Towns fue una muralla con 19 puntos y 14 rebotes, mientras OG Anunoby aportó 17. Landry Shamet sumó 16, y el combo de Jalen Brunson con Mikal Bridges añadió 15 cada uno. No fue una victoria de una sola estrella; fue una demolición colectiva con espíritu de campeonato.
Del otro lado, Donovan Mitchell trató de cargar el muerto con 31 puntos, pero honestamente era como tratar de apagar un incendio con una botella de agua. Ni Evan Mobley ni la llegada de James Harden pudieron cambiar el libreto de una serie que Cleveland empezó a perder desde aquel colapso brutal en el primer juego.
Ahora los Knicks esperan rival entre Oklahoma City Thunder y San Antonio Spurs para definir quién se juega el anillo.
Pero una cosa está clara, esta versión de Nueva York no llegó a las Finales para tirarse selfies. Llegó a cobrar cuentas pendientes.












