Un juez federal dio marcha atrás a su decisión anterior y rechazó la teoría principal con la que Steely & Clevie reclamaban derechos sobre el ritmo presente en casi 2,000 canciones de reguetón.
El dembow no tiene dueño. Al menos, no de la manera en que pretendían establecerlo los demandantes en uno de los pleitos de derechos de autor más grandes que ha enfrentado el reguetón.
Un juez federal de California falló a favor de Bad Bunny y otros artistas al desestimar una parte sustancial de la demanda presentada por el dúo jamaiquino Steely & Clevie. El caso señalaba cerca de 2,000 canciones y alcanzaba a figuras como Daddy Yankee, Karol G, Drake, Justin Bieber, Pitbull y Luis Fonsi.
La controversia giraba alrededor de Fish Market, una grabación instrumental producida en 1989 por Cleveland “Clevie” Browne y el fallecido Wycliffe “Steely” Johnson. Los demandantes sostenían que de esa pieza surgieron elementos fundamentales del patrón conocido como dembow, ese “boom-ch-boom-chick” que durante décadas ha puesto a medio planeta a perrear.
En julio, el juez André Birotte Jr. había determinado que un jurado debía decidir si la combinación rítmica podía recibir protección. Aquello dejaba la puerta abierta a un juicio largo y potencialmente peligroso para el género. Sin embargo, los abogados de Bad Bunny solicitaron reconsiderar la decisión y cuestionaron la forma en que se construyó la reclamación. Music Business Worldwide
La defensa argumentó que el arreglo reclamado no aparecía completo en una sola obra registrada. Según sus abogados, los demandantes habían unido fragmentos de tres grabaciones diferentes para fabricar lo que describieron como un derecho de autor “Frankenstein”.
Birotte revisó el asunto y cambió su determinación. El juez concluyó que la ley no protege una “amalgama abstracta” construida con elementos tomados de varias obras independientes. En arroz y habichuelas: no se puede montar un ritmo por pedazos durante el litigio y luego reclamar propiedad sobre una estructura utilizada por todo un género.
La decisión representa una victoria enorme para Bad Bunny y para la industria del reguetón, pues debilita la teoría que amenazaba a cientos de artistas y productores. También establece un freno importante ante cualquier intento de apropiarse de elementos musicales básicos compartidos por una tradición completa.
Eso sí, el pleito no desapareció por completo. Todavía permanecen reclamaciones más limitadas relacionadas con supuestas copias directas de grabaciones específicas, pero ya no está en juego el intento amplio de controlar jurídicamente el dembow.
Benito ganó una batalla pesada. Y el dembow puede seguir sonando sin pedirle permiso a nadie.










