Si alguien pensaba que Donald Trump iba a celebrar sus 80 años cortando bizcocho, soplando velitas y cantando cumpleaños feliz, claramente no conoce a Donald Trump.
El presidente de Estados Unidos decidió botar el manual por la ventana y convertir la Casa Blanca en la sede de una cartelera de UFC que parece más sacada de un videojuego que de la agenda oficial de Washington.
Sí, corillo, esto está pasando de verdad. Mientras medio planeta sigue pendiente a guerras, elecciones y reuniones diplomáticas, Trump anda preparando una fiesta donde los invitados especiales no son políticos ni embajadores. Son peleadores listos para intercambiar puños dentro de un octágono gigante sembrado en el mismo jardín donde otros presidentes organizaban actividades familiares y conferencias de prensa.
La cosa está tan fuera de liga que construyeron una monstruosa estructura llamada “La Garra”, una bestia de casi 100 pies de altura que literalmente es más alta que la propia Casa Blanca.
A este punto ya nadie sabe si esto es una actividad presidencial, un evento de UFC o el trailer de una película protagonizada por Trump.
La cartelera forma parte de las celebraciones del aniversario número 250 de Estados Unidos, pero seamos sinceros, esto tiene más energía de pay-per-view que de ceremonia histórica.
El arquitecto de toda esta locura fue el propio Trump junto a su pana de años, Dana White, presidente de la UFC y uno de sus aliados más fieles.
Y es que Trump lleva años viviendo su mejor vida cada vez que pisa una arena de UFC. Entra, la multitud explota, las cámaras lo siguen y el ambiente parece más un concierto de rock que una actividad política.
Ahora decidió llevar el show a otro nivel.
Según reportes, la producción supera los 60 millones de dólares y se espera que miles de personas llenen la zona alrededor de la Casa Blanca para presenciar lo que ya muchos llaman el combate más surrealista en la historia de Estados Unidos.
Obviamente las críticas no tardaron en caer.
Hay quienes aseguran que convertir la residencia presidencial en una arena de peleas es una exageración digna de un reality show. Otros dicen que es exactamente el tipo de espectáculo que representa la era Trump. Y honestamente… ambos tienen argumentos.
Mientras los abogados discuten en tribunales y los analistas políticos se arrancan los pocos pelos que les quedan, los fanáticos de UFC están contando las horas para ver a las estrellas de las artes marciales mixtas lanzarse cantazos literalmente frente a la casa más famosa del planeta.
La locura llegó a tal nivel que las conferencias de prensa se realizaron frente al Monumento a Lincoln, los peleadores desfilaron por lugares históricos de Washington y algunos vestidores fueron instalados dentro de áreas utilizadas normalmente para actos oficiales.
Porque cuando Trump organiza una fiesta, aparentemente la palabra “normal” queda cancelada.
Y por si el espectáculo necesitaba una última dosis de exceso, los mejores peleadores de la noche podrán llevarse bonos de hasta 250 mil dólares.
¿Lluvia? No importa. ¿Polémica? Tampoco. ¿Críticas? Menos.
Dana White ya lo resumió mejor que nadie. “El show continúa”.
Y así, mientras la mayoría de los abuelos celebran con nietos, café y bizcocho, Donald Trump celebrará sus 80 años viendo gente repartiendo puños bajo las luces de un octágono gigante frente a la Casa Blanca.
Porque si algo ha dejado claro durante décadas es que el hombre podrá envejecer, pero jamás dejará de ser el protagonista del espectáculo.












